Desaprendiendo para aprender

«No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta.»

Romanos 12:2 NTV

Por no tener un corazón enseñable es que a veces no somos capaces de abrazar lo nuevo que Dios tiene para nosotros, alcanzar aquello que va a establecer fundamentos aún más sólidos en nuestra vida. 

Personas que han sido cristianas por años, tal vez al encontrarse con nuevas formas de pensar y nuevos métodos de hacer iglesia, no tienen un corazón enseñarle y no pueden abrazar lo nuevo. No me refiero a lo nuevo como mejor, sino como diferente. No existen mejores o peores ideas en el reino de Dios, sino que a veces él quiere hacer algo nuevo en nosotros para llevarnos a nuevos niveles. 

Abrazar lo nuevo requiere desaprender lo viejo. Si no hacemos espacio para lo que Dios quiere hacer el día de mañana, jamás vamos a vivir vidas resistentes y avanzar en todo lo que Dios tiene para nosotros. 

Romanos 12:2 es un versículo que ha transformado mi mentalidad. Porque la religión quiere que nos diferenciemos del mundo en todos los aspectos exteriores: cómo nos vestimos, cómo nos peinamos, los lugares que frecuentamos y cómo nos comportamos. Pero Pablo nos desafía a diferenciarnos del mundo, no por fuera, sino por dentro, en nuestra forma de pensar. Él nos dice que “seamos transformados” en nuestra mente. Una vida resistente, que está construida sobre la roca, no te diferencia de los demás por llevar la Biblia debajo del brazo, sino porque piensas de manera distinta. 

No podemos encajonar a Dios, él no vive dentro de los parámetros que nosotros definimos, ni opera de la manera en que nosotros esperamos que lo haga. Es por eso que constantemente debemos desaprender lo viejo para aprender lo nuevo que Dios tiene para nosotros. 

¿Qué necesitas desaprender en tu vida? ¿Qué necesitas aprender en tus finanzas, en tus amistades y en tu fe? 

El ignorante no es aquel que no tiene conocimiento, sino aquel que cree que lo sabe todo. Y el aprendizaje no tiene edad, así que ¡vive con un corazón enseñable y deja que Dios te sorprenda con lo que él puede y quiere hacer en tu vida!